Aprender a Pensar

Repensar la Educación

FRANCISCO MUÑOZ GONZÁLEZ

IES FELIPE TRIGO

LA DIMENSIÓN CULTURAL DE LA PROFESIONALIDAD DOCENTE

De los cuatro contextos culturales en que está inmerso todo docente, decíamos en una entrada anterior, nos interesan sobre todo dos: el de la cultura profesional docente, es decir, aquella red de significados compartidos por todos aquellos que se dedican a la docencia por un lado y, por otro, el papel del colectivo docente con respecto a la sociedad en general, es decir las relaciones de la profesión docente y la sociedad.

Nos preguntábamos en dicha entrada si existía una cultural profesional docente, y nos respondíamos que no existía tal cosa. Como profesor, no existe una tradición cultural a la que adherirse profesionalmente, al modo de, por ejemplo, un médico o un abogado. En sociología de la educación hace ya mucho que cuesta trabajo llamar profesional al que se dedica a la docencia, se habla de semiprofesiones y cosas parecidas. Esta polémica es interesante, en cuanto a que también pone de relieve la limitación estructural manifiesta en la dificultad a llamar profesional, en el sentido anglosajón del término, a un docente. En los países anglosajones un profesional es una persona que define ella misma qué tipo de problemas son los que forman parte de su quehacer profesional, es decir, que no le vienen dados de antemano los límites de su campo profesional, que vienen marcados más bien, por su propia capacidad para aprender de la experiencia y definir contextos problemáticos en los que actuar. Todas estas funciones están bastante limitadas en el caso de la docencia.

En realidad lo que ha sucedido es que esa posible tradición cultural intersubjetiva, ha sido sustituida por una cultura interobjetiva o institucional, es decir, funcionarial. Dicho de otra manera: los intercambios simbólicos entre los docentes son regulados más que por las demandas de sus tareas docentes (por ejemplo, reuniones entre profesores de un mismo grupo), por las regulaciones normativas propias de su condición funcionarial. Es decir, fuera de las reuniones reguladas por la ley (entre tutores y las reuniones de las evaluaciones) cualquier otra reunión estaría “fuera del horario”. Esta rigidez, típica de un sistema funcionarial, responde a un proceso bien analizado por el filósofo Habermas y que comentaremos en el resumen final de las dimensiones.

Decíamos en la primera entrada sobre los cuadrantes que además de esta falta de tradición cultural docente, la dimensión intersubjetiva reclama una relación entre los docentes, como colectivo, con la sociedad, que vendría dada por la relación entre la función que realiza, la educativa, en el seno de la sociedad. Es decir, como docente, habría que responder a la pregunta ¿qué significa educar en la sociedad de hoy en día? La respuesta clásica a esta pregunta ha sido una dicotomía entre el profesional docente como reproductor de la cultura y como agente transformador de la misma. Desde una perspectiva integral ambas son ineludibles: la reproducción cultural y su transformación son diferentes momentos del mismo proceso. Sin embargo, como veremos, dependiendo del modelo de profesionalidad que contemplemos se hace más patente una dimensión que la otra.



escrito el 14 de octubre de 2010 por en General


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