Aprender a Pensar

Repensar la Educación

FRANCISCO MUÑOZ GONZÁLEZ

IES FELIPE TRIGO

LA DIMENSIÓN CONDUCTUAL DE LA PROFESIONALIDAD DOCENTE

Siguiendo con nuestro esquema de cuadrantes basado en la teoría integral, le llega el turno a la dimensión individual y objetiva, o lo que es lo mismo, las conductas docentes o lo que los profesores “hacen” de manera rutinaria en sus centros docentes. Estas conductas son las que se suelen denominar “competencias” siendo las tareas que definen, de manera objetiva, aquellas conductas que hacen que un profesor sea profesor y no otra cosa.

[Antes de entrar en ello, una prevención: aunque se habla mucho actualmente de un cambio en las competencias docentes, como consecuencia de la implantación de las nuevas tecnologías, pensamos que ese cambio no se está produciendo realmente y que, incluso en los centros en los que ya se han implantado dichas tecnologías, los profesores siguen haciendo esencialmente lo mismo que hacían sin ellas. Las razones por las que pensamos esto se expondrán al final de esta revisión de la profesionalidad docente desde el punto de vista integral]

De manera no exhaustiva pero sí consistente, pensamos, podemos decir que aquellas tareas que “competen” a un profesor normalmente son las que se engloban en ese  famoso “dar clase”. Veremos con un poco más de detenimiento que quiere decir “dar clase”.

Como criterio general, un profesor es un experto en una disciplina o materia. El Estado le otorga, le da licencia, para que enseñe eso. Se trata de una labor llamada instruccional, el profesor enseña y el alumno aprende, el profesor sabe algo que el alumno desconoce, de ahí que le instruya al respecto. Podemos llamar competencia instruccional a esta faceta que es la básica. Otro punto importante de esta labor instruccional se refiere al contenido de lo que se imparte. Este contenido, normalmente, ya está fijado de antemano, por lo menos en sus aspectos mínimos. Se trata de los contenidos mínimos fijados por el curriculum oficial de la asignatura. Este sesgo disciplinar es especialmente evidente en educación secundaria, pero cada vez es más importante en educación primaria e incluso en la infantil.

(Recuerdo aquí que debido a mi condición de profesor de secundaria, la mayoría de las cuestiones que se plantean en este blog se refieren a la profesionalidad docente durante este periodo del sistema educativo)

Para poder impartir su asignatura el profesor tiene que hacer dos actividades previas:

1. El profesor se prepara sus clases. Es aquello tan clásico que para enseñar una asignatura no sólo hay que conocerla, también hay que saber enseñarla. También se habla, en términos más académicos, de filtro pedagógico, transposición didáctica del contenido, etc. Esto nos lleva a que los docentes tienen que pasar de forma ineludible de una lógica disciplinar (la correspondiente a su disciplina) a una lógica didáctica o pedagógica, tendrá que revisar qué contenido impartir y cómo hacerlo. Lo cual supone en el docente una serie de habilidades didácticas o pedagógicas que implican tener en cuenta a quien se está enseñando. A esta labor la podemos llamar competencia pedagógica.

2.  El profesor tiene que crear un determinado ambiente o clima en clase, para poder realizar su labor instruccional. Tiene que pensar en las contingencias derivadas del alumnado al que se va a enseñar. Es decir: tendrá que tener en cuenta si se trata de un grupo homogéneo de alumnado dispuesto a escuchar su instrucción, o no; si existe un grupo de alumnos cuyo comportamiento no ayuda a crear un cierto ambiente de aprendizaje; si hay alumnado con necesidades especiales o no en el grupo… Esta labor la podríamos llamar de adaptación contextual, o lo que es lo mismo de atención a la diversidad. En el aula, esta labor de adaptación contextual es constante, pues la incertidumbre en una situación pedagógica real es una de las características básicas de la actividad docente. Estas tareas de interacción profesor- grupo y, a veces, profesor-alumno necesitan de una competencia en dinámica de grupos y una competencia emocional, respectivamente. He empleado el término “emocional” en sentido amplio, actitudinal, por las connotaciones que normalmente adquiere cuando un profesor trata con un alumno en particular.

Hay que decir que esta tarea, que no es puramente instruccional, que podríamos llamar educativa, no es considerada por todo el profesorado como tarea docente en sentido estricto, pues si de lo que se trata es de enseñar una materia, nuestra misión es enseñar y no educar, pues se supone que los chicos están ya educados. Esta disyuntiva, que generó mucha polémica los primeros años de implantación de la LOGSE, ha ido decayendo con el paso de los años, pero no porque no se de ya, sino porque creo que la mayoría del profesorado, desde luego los más veteranos sí, han más que asumido que tienen que educar e instruir, y a veces más bien educar, a la mayoría del alumnado.

En el momento presente, esta labor es, probablemente, la que demanda más tiempo y energías del profesorado, teniendo en cuenta la variedad del alumnado que un profesor tiene en clase. La atención a la diversidad se ha ido haciendo cada vez más difícil (me refiero a los últimos veinte años, por ejemplo) debido a que la escolarización ha llegado a todo tipo de alumnado (alumnado problemático, lo cual crea problemas de control en la clase; alumnado inmigrante; alumnos con “necesidades educativas especiales”), lo cual se añade a la ya “normal” variación de actitudes y aptitudes por parte del alumnado. Todo este variopinto tipo de chicos y chicas debe, tiene derecho, a ser educado. No es de extrañar que la atención a la diversidad sea un punto de tensión en las aulas y fuera de ellas. El punto clave aquí es que el profesorado no ha sido preparado para atender esta diversidad.

3. Además el profesor ha de preparar contingencias de tipo material (apuntes, apoyo audiovisual, etc) y relativas al escenario que va a necesitar. Podemos denominar a esta faceta competencia organizativa.

Para finalizar mencionaremos dos tipos de tareas relacionadas con el trabajo habitual de los profesores y que son también importantes, aunque no demandan determinadas competencias por parte del profesorado, sino que son más bien demandas de tipo “institucional”. Nos referimos, por un lado, a la realización de “guardias” o labores de atención y vigilancia en sus centros escolares; y, por otro lado, la realización de cursillos. Esta última es una tarea que está relacionada directamente, al menos en teoría, con su materia: ponerse al día, reciclarse, empezar a utilizar las nuevas tecnologías… son los términos que suelen oírse. No obstante, para muchos profesores es una tarea necesaria solamente para obtener los créditos necesarios para la remuneración que conllevan los sexenios. Sin duda, en muchos casos la gratificación es doble: es un curso deseado,  además de productivo para los sexenios.

Aparte de esto algunos profesores realizan tareas administrativas (suelen llamarse así): jefatura de estudios, adjuntos o encargados de distintas ramas, dirección, secretaría, encargado de actividades extraescolares, miembros del consejo escolar. Son una de las pocas opciones de hacer algo relacionado con la educación, que no sea dar clases. Aunque están remuneradas, no suelen ser del gusto del profesorado, por lo que en muchos casos tienen que ser designadas por las autoridades educativas.

Ahora reflejaremos en nuestra habitual rejilla de cuadrantes las competencias que hemos mencionado.

DIMENSIÓN SUBJETIVA

Adaptación disciplinar:

filtro didáctico (adaptación de objetivos, contenidos y evaluación)

Competencia pedagógica

DIMENSIÓN OBJETIVA

Acción pedagógica en el aula

Competencia instruccional

DIMENSIÓN INTERSUBJETIVA

Adaptación contextual por la incertidumbre de la acción pedagógica.

Creación de un ambiente de motivación y aprendizaje

Interacción profesor – grupo  Competencia en dinámica de grupos

Interacción profesor – alumno

Competencia emocional

DIMENSIÓN INTEROBJETIVA

Adaptación material

Prevención de contingencias

Competencia organizativa

[El hecho de distinguir dimensiones dentro de una dimensión ya existente, en este caso, cuadrantes dentro de la dimensión conductual de la profesionalidad docente, nos permite darnos cuenta de que los cuadrantes siempre están ahí, y que cualquier fenómeno es, al mismo tiempo, un todo y una parte, es decir, tiene entidad en sí mismo (en este caso la dimensión conductual de la profesionalidad docente) y está situado en los cuadrantes siempre (por eso seguimos distinguiendo partes o cuadrantes). Esta totalidad-parte es lo que se llama en teoría integral un holón.]

En la próxima entrega seguiremos con la dimensión social de la profesionalidad docente.



escrito el 20 de mayo de 2010 por en General


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